Con la llegada del verano a Quito las calles, parques y jardines de la ciudad se llenan de color rosa con el florecimiento del Arupo, este árbol nativo del sur de Ecuador y norte del Perú se ha adaptado muy bien al Valle de Quito convirtiéndose en parte de la identidad de la biodiversidad quiteña exhibiendo su esplendorosa belleza especialmente en el mes de agosto.
Este hermoso árbol cuyas flores tienen tonalidades entre el rosado y morado fue descubierto un 31 de julio de 1802 por Alexander Von Humboldt, Aimé Bonpland y Cesár Montufar, cuando llegaron a Gonzamaná – Loja se encontraron con unos árboles vestidos de rosado, posteriormente lo describieron y le dieron el nombre de Chionanthus pubescens. En la obra “Estudios botánicos” de Luis Cordero cita que el nombre significa “flor de nieve peluda”. Julio Tobar en El Lenguaje Rural de la Región Interandina del Ecuador señala que “Arupo es el nombre castellanizado, pues su nombre quichua es Arupu y es un árbol ornamental del cual existen diversas y hermosas variedades en el Ecuador.
Este tradicional árbol de la sierra ecuatoriana no sólo llama la atención por su colorida floración, también está ligado a la cultura y tradiciones del pueblo quiteño, entre algunos datos curiosos encontramos los siguientes:

En la medicina doméstica durante el siglo XIX el médico quiteño José María Troya afirmaba que consumir de 2 a 3 gr del polvo de la corteza del Arupo ayudaba como purgante.

En Quito durante la época de la colonia las flores del Arupo eran utilizadas en infusión como una bebida diurética.

Los frutos del Arupo desprenden un tinte de color rojo que podría usarse como colorante natural para tinturar tejidos y artesanías.

Los Mirlos (Turdus fuscater) consumen los frutos del Arupo y contribuyen a la dispersión de las semillas.

La madera del Arupo se utilizó por mucho tiempo para construir los rodillos de los trapiches caseros y los cabos de herramientas por lo que se puso en riesgo a esta especie.

El Arupo tiene una de las maderas más duras y finas que existen, gran parte de los maderos que sostienen las campanas de las iglesias de Quito fueron elaboradas con este árbol.

En la época colonial de Quito los mejores charangos, guitarras y violines fueron hechos con la madera del Arupo.

Los Arupos también forman parte de la música tradicional ecuatoriana, inspiraron a Alberto Zambrano Palacios a escribir el famoso pasacalle lojano “La Flor Zamorana”
Canto a la flor zamorana / teñida de primavera / que despertó en la ribera / de la campiña lojana. / Con su primor se engalana / el regio manto del día,/ fulgurante fantasía / de las épicas hazañas / que vieron esas montañas / de la inmensa serranía.
Ahora que ya conoces un poco más de este tradicional árbol nativo de Ecuador anímate a tenerlo en tu jardín, no sólo disfrutarás de la belleza de su floración, también servirá de refugio para las aves que habitan en la ciudad y quizás pueda llegar a convertirse en el Rey Arupo.


