Uvilla (Physalis peruviana)
Por Santiago Quinteros

Me presento, formalmente como es debido, me llamo Physalis peruviana. Con mi nombre ya te di una pista de dónde vengo: la zona norte de los imponentes Andes sudamericanos, principalmente desde Colombia, pasando por Ecuador hasta Perú. Sin embargo, me encantan los viajes, he recorrido casi toda Sudamérica e internacionalmente, me he asentado en África y Asia. Ya entrando en confianza me pueden llamar Uvilla o, como mis amigos de los países vecinos me dicen, Uchuva.
Soy una planta tipo arbusto, pequeña en altura, máximo crezco un metro y medio; pero no te dejes engañar que doy unos frutos deliciosos que pocos en reino natural se pueden resistir. Mi fruta es la estelar, se lleva todos los reflectores, es una baya, amarilla, dulce y ácida a la vez. Varios la han aprovechado para hacer mermeladas, postres y más, pero la verdad es que la prefieren sola, ya saben el dicho popular de la mata a la olla: nadie resiste tal tentación cuando me ven cargada de frutos, ya que es fácil reconocer cuando te los puedes comer: una vez que esa ligera cobertura verde que encierra a mis bayas cambie de color a café claro.
Puedo crecer desde los bajos valles hasta las altas ciudades de más de 3000 m.s.n.m. y me va bien en climas húmedos y con luz solar. Además de ser pequeña y no ocupar mucho espacio en huertos y jardines, también crezco bastante bien sin excesivo cuidado, toda mi vida he sido una planta silvestre y nativa de los andes, conozco estos lugares, he vivido y me he adaptado al frío y a las lluvias por años así que tranquilos, ojo que, aunque no necesite de tanto riego no significa que te puedes descuidar de mí, ya que con buen cuidado puedo vivir y darte frutos hasta dos años seguidos.

Mi belleza como planta y el sabor de mis frutos no son únicamente alabados por humanos. Soy famosa entre los polinizadores, desde insectos hasta aves, que se sienten atraídas por mis flores amarillas en forma de campana y, claro está, por mis bayas doradas. Mis principales aves visitantes, de las cuales te vas a enamorar son los Huiracchuros (Pheucticus chrysogaster), que son aves urbanas y tradicionales de Quito, las puedes reconocer por su fascinante, predominante y peculiar color amarillo que combinan a la perfección con sus alas negras con matices y manchas blancas. Son cantores por excelencia, especialmente en hábitats secos y abiertos, así que no faltará música por las tardes mientras toman un cafecito.
Y, si de especies de aves emblemáticas de Quito hablamos, hay un ave que le encanta mi compañía: los gorriones (Zonotrichia capensis). Es otro cantor y, a pesar de su pequeño tamaño, y que sean solitarios, su trinar fuerte es inconfundible a pesar del ruido de la ciudad. A pesar de pasar mucho tiempo en árboles, cuando encuentra mis semillas en el piso el gorrión se hace un festín.
Finalmente, uno de mis favoritos, a pesar de que sus visitas son espontáneas y rápidas, su presencia hace emocionar a más de uno: las aves tangara. A pesar de su gran variedad se las puede reconocer por sus muchas particularidades: sus cantos, sus bailes, sus colores, sus picos variados y, consecuentemente sus gustos de comida. Son aves pequeñas que les gusta andar acompañadas y, en general, con colores sugestivos, metálicos y brillantes

